El segundo pilar es ese aspecto que casi nadie relaciona con el rostro: la glucosa en sangre. ¿El azúcar provoca arrugas? De forma indirecta, sí. Los picos elevados de glucosa dañan la estructura del colágeno a través de un proceso llamado glicación.
Esta es la evidencia científica que cambió mi forma de comer. Cuando se produce un pico de azúcar en sangre, el exceso de glucosa se adhiere a las fibras de colágeno y elastina. Este proceso da lugar a unos compuestos cuyo acrónimo en inglés resulta de lo más revelador: AGEs (advanced glycation end-products o productos finales de la glicación avanzada). El colágeno glicado se vuelve rígido, quebradizo y amarillento. En dermatología se suele llamar al efecto visible de este proceso "descolgamiento por azúcar" (sugar sag). Es la misma reacción química que transforma el azúcar líquido en caramelo duro, solo que sucediendo de forma lenta sobre el colágeno de tu rostro.
Por eso mantengo bajo el consumo de azúcar y reduzco los ultraprocesados al mínimo; no por una cuestión de peso, sino porque entiendo que la cadena de efectos llega de forma directa a mi piel. Y cuando salgo a cenar fuera o me apetece un plato de sushi con todo su arroz blanco, tomo el Stabiliser de AVEA justo antes de comer. Su ingrediente principal, Reducose®, es un extracto de hoja de morera blanca que atenúa la cantidad de glucosa que el cuerpo absorbe durante la comida, suavizando el pico que de otro modo alimentaría la glicación. Menos picos significan menos glicación y, según mi experiencia, una piel más equilibrada y con menos brotes. Es el producto menos convencional de mi rutina, pero es uno de mis favoritos absolutos.
Tampoco consumo alcohol y jamás he fumado. Ambos hábitos aceleran drásticamente el envejecimiento cutáneo mediante el estrés oxidativo, y eliminarlos no cuesta absolutamente nada.